Escrito por
Ángela Díaz | Cuidadora profesional
A lo largo de mi vida he aprendido que el camino no siempre es fácil, pero también que, con apoyo, esfuerzo y constancia, es posible superar obstáculos que en un momento parecían imposibles.
Nací y crecí en Ávila, una ciudad que recuerdo con mucho cariño. Formo parte de una familia que siempre ha estado a mi lado: mis padres, mi hermana, mi cuñado y mis dos sobrinos. Ellos han sido un pilar fundamental en mi vida y han creído en mí incluso en los momentos en los que a mí misma me costaba hacerlo.
Mi infancia fue alegre y está llena de recuerdos que guardo con nostalgia, como los cumpleaños en familia y los momentos compartidos con las personas que quiero. Sin embargo, también estuvo marcada por importantes dificultades emocionales y sociales. Me costaba relacionarme con otros niños, era una persona muy insegura, introvertida, con baja autoestima y con dificultades para encontrar mi lugar. Adaptarme al entorno no era sencillo y durante muchos años me sentí diferente.
La adolescencia tampoco fue una etapa fácil. Comprender el mundo que me rodeaba y relacionarme con los demás seguía suponiendo un gran reto. En ese momento apareció una amiga que me brindó un apoyo muy importante y que dejó una huella en mi vida. También fue entonces cuando un psicólogo detectó mi trastorno, lo que permitió empezar a entender muchas de las dificultades que había vivido hasta ese momento. A pesar de mi discapacidad, gracias al apoyo de mi familia y de las personas más cercanas, fui aprendiendo a afrontar mis retos y decidí seguir adelante sin renunciar a mis estudios.
Todo ello, me hizo querer matricularme en el Ciclo Formativo de Grado Medio de Atención Sociosanitaria, del que me gradué en 2017, ya que quería poder ayudar a otras personas que tuvieran dificultades o discapacidad. Obtener ese título fue uno de los primeros grandes logros de los que me sentí verdaderamente orgullosa.
Mi deseo de seguir creciendo me llevó a participar en diferentes cursos y experiencias de voluntariado en entidades relacionadas con el autismo. Cada una de ellas me permitió aprender, conocer personas y desarrollar nuevas capacidades.
En 2022 realicé el Curso de Asistente Personal en Fundación INTRAS. Sin saberlo, aquella formación marcaría el comienzo de un cambio muy importante en mi vida. Gracias a esa oportunidad pude incorporarme a trabajar en la propia Fundación como cuidadora en la Residencia de Salud Mental en Ávila, puesto que desempeño desde julio de 2023.
Como cuidadora acompaño a los residentes a entrenar habilidades de la vida diaria que les permita ser más autónomos e independientes para construir la vida que quieren vivir. Poniendo el foco en sus intereses, valores y lo que les apasiona. Me gusta ayudar a las personas y sentir que puedo aportar algo positivo a sus vidas.
El trabajo también me ha permitido conocer mejor mis fortalezas y mis dificultades, he aprendido que pedir ayuda no es una debilidad. En Fundación INTRAS siempre he encontrado profesionales que creen en mí, me acompañan, me orientan y me animan a seguir avanzando. Gracias a ese apoyo continuo he podido crecer tanto personal como profesionalmente.
Encontrar este empleo ha supuesto un antes y un después en mi vida. Ha sido el impulso que necesitaba para alcanzar una de mis mayores metas: vivir de forma más independiente. Actualmente resido en una vivienda supervisada junto a dos compañeras. Para mí no es solo un lugar donde vivir, sino un espacio lleno de oportunidades para seguir creciendo a nivel personal como profesional, destacando un apoyo mutuo con mis compañeras
Sigo contando con el cariño de mi familia, que vive cerca y continúa acompañándome en cada paso, y con el respaldo constante de Fundación INTRAS, que siempre está presente cuando necesito orientación o apoyo. Gracias a todas las personas que han formado parte de mi camino he podido descubrir capacidades que antes no veía en mí.
Si hoy miro hacia atrás, veo a una niña insegura que pensaba que nunca encontraría su sitio. Si miro mi presente, veo a una mujer que trabaja, que vive de manera más independiente, que sigue aprendiendo cada día y que ha demostrado que, con esfuerzo y con los apoyos adecuados, es posible construir una vida llena de oportunidades.
Todavía tengo muchas metas por alcanzar. Quiero seguir aprendiendo, continuar mejorando como persona y como profesional, afrontar nuevos retos y no dejar nunca de crecer. Cada experiencia que he vivido, tanto las difíciles como las felices, me ha convertido en la persona que soy hoy.
Este recorrido no ha sido un camino que haya hecho sola. Es el resultado de mi esfuerzo, de mi constancia y también del apoyo incondicional de mi familia, de mis amistades y de Fundación INTRAS. A todos ellos les debo parte de lo que soy. Por eso, este reconocimiento no solo hablaría de mi historia, sino también del valor que tiene creer en las personas y ofrecerles las oportunidades y los apoyos necesarios para que puedan desarrollar todo su potencial.
