Buscar

Cuidar con tiempo, cuidar con paciencia y amor

Escrito por
Mª Verónica Alava | Cuidadora profesional

Me llamo Verónica, soy TCAE en una residencia de mayores y quiero presentarme a estos premios como profesional sociosanitaria porque, después de muchos años de experiencia, puedo decir que esta es una profesión muy bonita y que en ella se necesita mucha humanidad.

Cada día que me levanto y acudo a mi trabajo, al entrar por la puerta, sé que no voy solamente a realizar las tareas del día a día. Voy a cuidar a personas que tienen su historia, sus recuerdos, sus anécdotas y sus emociones; cosas que muchas veces no están escritas en ningún papel. Por eso, para mí, cuidar no es solo levantar, asear, dar de comer o vestir. Es también cantar, reír, preguntar y escuchar. Es respetar sus tiempos y, aunque necesiten ayuda, dejar que conserven su autonomía y su dignidad.

Muchos residentes necesitan simplemente unos cuantos minutos para ser escuchados, porque este pequeño gesto significa muchísimo para una persona que todos los días espera compañía. Y ahí es donde me entra la impotencia al no poder dedicarles más tiempo del que ellos necesitan; ese valioso tiempo que se debería tener para algo tan importante como es escuchar. Podemos hacer muchas de nuestras tareas correctamente, pero una persona mayor no debería sentir siempre las prisas, ni percibir que tenemos que irnos rápido porque no llegamos a atender a todos.

Al contrario de lo que nos gustaría, muchas veces nos vamos a casa con la sensación de que podíamos haber hecho más, de que algo podría haber sido importante y no tuvimos tiempo. A veces solo necesitaban un momento más, pero teníamos que marcharnos.

Por eso, personalmente creo que un avance muy bueno en las residencias sería escuchar a quienes estamos cada día al lado de los residentes. Muchas veces se toman decisiones que afectan a nuestro trabajo diario sin consultar al conjunto del personal. Quienes estamos en primera línea sabemos más de lo que consideran, porque desde un despacho puede no verse la realidad, lo cual puede complicar todavía más nuestro trabajo. Como TCAE no quiero quejarme de mi profesión, la cual es muy importante para mí, pero me gustaría ser escuchada. También me parece que se debería encontrar un equilibrio entre las expectativas de las familias y la realidad del día a día en una residencia.

Entiendo perfectamente el miedo de las familias y su deseo de que sus familiares estén en buenas manos, porque yo también querría lo mismo para mis seres queridos, e incluso para mí misma. Sin embargo, muchas veces se piden cosas sin pensar en que todos los residentes tienen necesidades. A veces los turnos son difíciles porque ocurren imprevistos que lo complican todo, a pesar de que intentamos hacerlo lo mejor que podemos y sabemos. Queremos atender las peticiones de las familias y queremos hacerlo bien. Por eso, no creo que la solución sea exigir más y más al trabajador.

Creo que sería mejor si nos preguntaran, nos escucharan y contaran con el personal necesario para mejorar la comunicación entre todos, buscando soluciones que conlleven al verdadero bienestar de los residentes. Porque, al final, todos queremos lo mismo: las familias quieren estar seguras de que sus seres queridos están bien atendidos, y los profesionales queremos cuidar bien y dar cuidados de calidad.

Espero que algún día podamos trabajar sin sentir que siempre vamos con el tiempo justo, y que podamos sentarnos con un residente sin estar pensando en la siguiente tarea que nos queda por hacer.

A pesar de estas dificultades, quiero decir que intento cumplir con todas mis responsabilidades diarias, intento escuchar y siempre busco sacarles una sonrisa, aunque se me retrase el resto de las cosas. También me encanta bailar y cantar con ellos. No quiero que la falta de tiempo ni las circunstancias negativas hagan que pierda la pasión por mi trabajo.

Con esto me despido, agradeciendo de corazón a las personas que lean mi carta. Muchas gracias.