Escrito por
Mireia López | Cuidadora profesional

Este agosto de 2026 he cumplido 16 años en el sector sociosanitario. Aún veo con ternura mi primer día de trabajo en una residencia, con 20 años, y recuerdo que en la primera semana quería huir, pero al final quien me iba a decir que me enamoraría de este trabajo. Y cuantos roles he desarrollado, de animadora, cuidadora a domicilio, directora, psicóloga…
Y justo este agosto tomo la decisión que más me ha costado tomar, cerrar esta etapa, quizás por una temporada. He sentido la valentía de tomar esta decisión porque estoy emprendiendo. Seguiré cuidando, pero de otra manera y en otro formato. Y qué mejor manera de hacerlo que participar por tercera vez en el concurso de relatos de SUPERCUIDADORES.
Hace unos días tuve la idea de hablar sobre el duelo de los profesionales, y de cómo humanamente nos afectan algunos cambios, así como algunas muertes de personas que hemos acompañado. Pero no me sentía inspirada para hacer un relato largo sobre el tema, pero aprovecho para darle voz a este duelo tan invisible que vivimos constantemente. El sector sociosanitario es el sector experto en duelos, ya que constantemente vivimos el cambio, que lo normalizamos de una manera que sorprendería a más de uno. Pero si paramos a pensar un momento, seguro que alguna lágrima se nos ha derramado por alguna persona, y quiero honrar eso. Somos humanos, y vinculamos, aunque de forma profesional, con otras personas, y es bien normal que sintamos. ¡Qué bonito ser humanos, y permitirnos serlo!
Pero hoy revisaba unos papeles y encontré un relato que creamos en un taller de relatos que cocreamos con las personas usuarias del centro de día donde trabajo hasta este mes. Mi estilo de hacer las actividades ha variado mucho en el tiempo, y ahora me gusta mucho fomentar el formato grupal. Aquí nos juntamos todos los interesados y realizamos sesiones participativas, donde aparte de trabajar algunas áreas cognitivas como la memoria, la atención, el lenguaje…, y donde añado el humor para fomentar la cohesión entre las personas usuarias (y reducir tensiones). Y una de estas actividades es el taller de crear un solo relato entre todos. Y qué mejor manera de honrar a muchas de las personas que he acompañado con el relato que cocrearon juntas. Se llama “El gatito”, y os lo quiero compartir:
Había una vez un gatito, que maullaba en el tejado, tenía un nombre muy gracioso, Misifú. Tenía hambre y sabía Kungfú. Estaba todo el día maullando. El gatito estaba emparejado con la novia y no se quitaba de ella. Se iba a buscar comida, por ejemplo. Le gusta mucho mear por las casas. Al gatito le gusta dormir con la dueña. El gatito tuvo 7 crías. El gato juega al bingo con la gata. El gato lo está pasando canutas, y cae en depresión y decide ir al psiquiatra. El psiquiatra le receta pastillas para la depresión. El efecto secundario le da sueño y se cae de la cama. Se despierta y ha pasado un año. Está todo el día persiguiendo a la gata. Estaba enfadado, porque no le dan lo que quiere. No quiere estar preso. Todavía está ahí. Se sube al tejado a buscar pájaros. Se riñe con los gatos, y se queda con todos los tejados de los vecinos.
Sí, quizás se os quede la cara de póker y no le veas mucho sentido a este texto. Pero yo lo leo con tanta ternura y pienso en las personas que participaron, y en las risas compartidas.
Y, por ahora, así me despido de este sector, con una lagrimita que se cae de vez en cuando. Recordando los momentos de risas, de abrazos, de bailar, de cantar, de perder la vergüenza por y para ellos… Mi corazón está llenísimo de ellos, de sus historias y de aprendizajes.
Y sí, ha habido situaciones muy duras, como el COVID, o momentos donde no sabes cómo acompañar, situaciones familiares muy delicadas… No vamos a negar que es un sector intenso. Forma parte del trabajo, reconocer las sombras y las luces de este sector.
Así que doy gracias a la vida por haber podido formar parte de la vida de tantas personas y ellas de la mía. ¡Gracias gracias gracias por tanto!