Escrito por
Eva Mª García | Cuidadora familiar
¿Saben esa sensación que se siente cuando hagas lo que hagas la vida te lleva siempre por un camino y todo lo que aparece en tu vida parece obra de un destino que ya estaba escrito? Pues a mí me ha sucedido eso desde que era muy pequeña.
Mi madre padecía de depresiones, depresiones que muchas veces le impedían cuidar de una niña de apenas 6 años que acababa de perder a su padre.
En esas circunstancias la vida cambia por completo y lo que tendría que ser normal deja de serlo. Tuve que empezar a hacer las tareas de la casa, mi madre muchas veces no se podía levantar ni de la cama, así que yo en este caso ya tenía que hacer de cuidadora, encargarme de la limpieza de la casa, de ir a la compra e incluso de cocinar, todo esto compaginándolo con el colegio y sin dejar de intentar animar a mi madre para que se duchara, fuera a la peluquería y vigilar que tomara la medicación.
Cuando cumplí 19 mi madre falleció, las ganas de vivir se nos fueron a las dos al mismo tiempo, pero a ella la depresión la llevo antes que a mí y de una gripe paso a una infección muy grave que la dejo en la uci más de 1 mes y a mí con una soledad que nunca podre llenar.
Yo había decidido estudiar auxiliar de enfermería, creo que fue en honor a mi madre y para que se sintiera orgullosa (mi madre siempre me decía que yo era su enfermerita).
En esa época conocí a un chico, era 10 años mayor, y aun que yo no lo veía como un futuro novio poco a poco fue conquistando mi corazón y enseguida me fui a vivir con él.
Transcurrieron 8 años de noviazgo y convivencia. Yo en ese tiempo también había decidido estudiar un ciclo de cuidados a personas dependientes ya que mi ilusión era trabajar con personas mayores y con el de auxiliar de enfermería aún no había conseguido un puesto de trabajo que a mí me llenara.
En 2012 mi vida vuelve a dar otro giro de 360º. Mi novio y yo habíamos decidido un 7 de julio acudir a una concentración de motos del Grove. Esa concentración se convirtió en un infierno para los dos. Íbamos por la carretera y chocamos con una moto que circulaba delante.
Recuerdos muy dolorosos acuden a mi mente mientras escribo esto, pero tengo que sacarlo de mí y contarlo porque igual el destino también ha querido que lo haga en estos momentos y de esta manera.
Él, tirado en el suelo, a unos metros de mí, yo, llamándolo a gritos sin obtener respuesta, me levanté como pude, yo no tenía ninguna lesión aparente, y fui junto a él, se encontraba tendido boca arriba, había un chico a su lado, querían hacerle la reanimación cardiopulmonar, yo no creía lo que estaba viendo. Al poco alguien le saco el casco había que hacerle el boca a boca, nadie se acercaba…el chico seguía con el masaje y yo en este momento encontré a la muerte en la mirada vacía de la que había sido mi compañero, mi amante y mi familia hasta aquel mismo instante, y me enfadé, grité en alto “a él no te lo vas a llevar” y algo me dio fuerzas para hacerle el boca a boca y así conseguir que remontara.
Es 27 de septiembre de 2026, mientras yo escribo este relato, él está en una cama, con una tetraplejia, 14 años de cuidados no los puedo resumir, y tampoco es algo bonito y feliz, hay momentos sí, pero en esta historia hay también mucho dolor y sobre todo mucha pena.
Ninguno de los dos se ha rendido nunca, ni incluso ahora que estamos separados. El sigue luchando por sobrevivir y yo preguntándole al destino porque me ha elegido a mi para cuidar de los demás, quizás este escrito, porque, aunque no quiera y este ya cansada, siempre acudo a la llamada de alguien que se siente solo/a o necesita de ayuda.
