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Lo mismo que cuidándote a ti

Escrito por
Iván de la Varga | Cuidador profesional

«Eres un niño encantador, pero estoy deseando que te hagas mayor para que entiendas lo que verdaderamente me haces».

Yo le acababa de esconder las llaves del coche y él estaba desesperado buscándolas por toda la casa.

Por entonces, no entendía su frustración. Los padres no sufrían. Al menos, eso era lo que creíamos los niños.

Papá siempre encontraba tiempo para los demás, incluso cuando yo pensaba que ese tiempo era solo mío. De niño me molestaba. Llegué a pensar que los demás le importaban más que yo.

Sé que no le puse nada fácil educarme, pero él se mantenía firme.

Papá nunca fue un hombre importante para la mayoría de la gente, no salió en periódicos ni en programas de televisión.

Cambió muchas vidas, empezando por la mía.

Hoy su sombra está a mi lado en mi trabajo, cuando acompaño a personas que poco a poco van perdiendo el camino de regreso a sus propios recuerdos. También cuando miro a mi hijo y observo en él las mismas trastadas con las que yo ponía a prueba su paciencia.

̶ ¿Y qué ganas tú cuidando a tanta gente?  ̶ pregunté una vez.

̶ Lo mismo que cuidándote a ti  ̶ Me sonrió.

 

***

 

̶ Es la hora.

̶ Dile que deje de mirarme o tendrá problemas.

̶ Papá, ahí no hay nadie. Mírame a mí  ̶ Sostengo sus manos con suavidad.

̶ ¡Tú y yo no hemos terminado!  ̶ Amenazó con un gesto al hombre del otro lado del cristal.

Le acompaño de nuevo a su cama. De rodillas, junto a sus pies, le hago las mismas carantoñas que le hacía de niño para hacerlo rabiar. Pero papá sigue mirando hacia el baño, aunque su mente nos dejó hace mucho tiempo. Mi hijo me mira desde el umbral de la puerta, con una mezcla de extrañeza y sorpresa. Le dedico una sonrisa, me incorporo y acuesto a papá.

̶ Mañana vendré a la misma hora  ̶ Lo beso en la frente.

̶ Dile a tu madre que tranque la puerta  ̶ me dice antes de darse la vuelta.

̶ Claro, papá, ahora mismo se lo digo.

En el pasillo mi hijo me pregunta por qué el abuelo habla así. Me quedo callado y detengo el paso. Mientras lo abrazo, regresa a mi mente una frase que mi padre me repetía cuando yo era niño:

«Eres un niño encantador, pero estoy deseando que te hagas mayor para que entiendas lo que verdaderamente me haces».

Sonreí.

Y por primera vez deseé que tardara mucho tiempo en comprenderla.