Escrito por
Cristóbal Doñate | Cuidador familiar
Yo no me postulo como tal, no sé si soy merecedor de tal cosa. Se postula mi número, uno que se haya perdido entre los más de tres millones de personas que cuidamos a nuestro familiar de un modo precario, crudo y duro… casi a nuestra suerte.
Y aunque no creo merecerlo más que esa valiente multitud numérica sin rostro ni nombre, si creo que puedo representarles dignamente con este texto firmado por una herida conjunta. Una abierta, gravemente emocional y también física, dolorosa y pesada… siempre a cuestas en esta vida que se basa en proteger la de otro, y que desdibuja la nuestra propia.
Por más de siete años, cuido a mi madre con demencia frontotemporal prácticamente solo. En el proceso de la enfermedad—donde se recorta tu pequeño espacio de libertad en porciones cada vez más pequeñas— todo el mundo acaba por marcharse: Familia, parejas, amigos y conocidos…
Este, no es un camino de rosas ni algo que celebrar. Es una circunstancia que detiene el tiempo, la memoria y a su vez, cualquier novedad que te distraiga del objetivo final:
La dignidad humana frente a la inacción.
Siempre cuento que la relación con mi madre nunca fue sencilla, ni tan si quiera nos llevábamos del todo bien… pero el destino, quiso que fuera yo—el rebelde y quizás el menos querido—el único capaz de ordenar su pequeño gran desastre diario. Quince horas y media no remuneradas y sin festivos que cada noche te alejan más del mundo.
Ahí fuera la vida pasa rápida, no así entre estos muros donde se masca una profunda verdad que nadie quiere ver o sufrir. Desgraciadamente, esta lucha por mantener intacta la decencia del enfermo, suele dejar en segundo plano el camino del cuidador… aunque, después de mucho tiempo en estas lindes, reconozco que seguramente todo esto era necesario para convertirme en el ser humano que soy y que nunca hubiera conocido lejos de aquí.
Nosotros sabemos lo que significa entregarlo todo, entregar hasta el último gramo de paciencia, fuerza y tiempo… Y resumir el golpe que eso supone requeriría de miles de hojas que seguramente, nadie estaría dispuesto a leer. Nadie podría asumir tanto dolor voluntariamente, excepto nosotros… Hombres y mujeres hechos de otra pasta, masilla que arregla grietas en las almas y en los hogares que no reciben visitas.
Durante muchos años y sin contar nada sobre esta situación, me dediqué a grabar videos y meditaciones para que el resto del mundo se relajara y se apartara de sus problemas… No ha sido hasta hace dos días que me sentí con las fuerzas para subir un video—que adjunté en la solicitud de esta página—contando toda mi experiencia. Creo que ahí se resume y entiende todo mucho mejor, ya que como dije, este texto podría tornarse un tomo infumable de cientos de volúmenes.
Para finalizar y ante esos ángeles silenciosos me disculpo, ya que al estar solo durante tantos años no he podido trabajar ni estudiar y por eso, preciso de este premio. A mis cuarenta y tres años necesito obtener más formación para volver al mundo laboral que, por cierto, me encantaría que estuviera relacionado con cuidar a personas en situación de dependencia. Creo que no habrá honra más grande para mí mismo ni tampoco, un mejor recuerdo de aquel tiempo que seguramente recordaré como una masterclass del amor hacia el ser humano. Un recuerdo de mamá que yo recordaré por ella.
