Escrito por
Ana Brun | Cuidadora profesional
Este es el relato de Josefa Castro Rodríguez una señora de 90 años que vive en Bornos (Cádiz). Empecé a prestar servicio en su casa a finales de diciembre de 2025, la pobre estaba en un estado de abandono y maltrato, vive con uno de sus hijos que es alcohólico y la maltrata. Su horario era de 8 de la mañana a 10:30. a los días de ir me pude dar cuenta de que solo se le daba de comer el desayuno que se y solo tenía un cambio de pañal. Por sufrir un ictus su movilidad es muy reducida y prácticamente estaba todo el día en la cama. La casa olía desde la calle, horrible la suciedad y dejadez que hay en ese domicilio. Hablé con mi coordinadora y puse varias denuncias en asuntos sociales, en menos de un mes se le cambio su horario a tres horas repartidas en tres veces al día, para que así comiera y se le pudiera atender mejor.
Esos tres turnos durante 5 meses he ido yo, tengo que decir que han sido durísimos. El hijo se porta fatal, constantemente hay que lidiar con una persona que sólo busca poder fastidiarte, se comía la comida que le hacía a Pepa, otras veces la tiraba, en muchas ocasiones te lo encuentras tirado en el suelo por la borrachera que lleva, apesta muchísimo, más de una vez ha echado a compañeras a la calle sin poder atender a su madre, es muy difícil este caso.
Aun así, pude lograr bastantes mejoras para Pepa. Le pedía dinero a su hijo y compraba comida, yo sé la preparaba, al principio le lavaba su ropa porque dormía entre sábana llenas de orines y su colchón totalmente hundido y también lleno de sus orines. Le pude comprar un colchón nuevo y un anti escaras en la ortopedia, también almohadas nuevas y fui a su médico para ponerle su mediación al día. Ha mejorado bastante ha cogido mucho peso, su circulación y piel ha mejorado. No le falta nunca nada de cosas de higiene y en cuanto la veo un poco mal voy a su médico y enfermero.
Mandamos un comunicado a la Diputación de Cádiz para que se la lleven a una residencia y aún estamos a la espera. Ya solo voy una vez al día, porque ya estaba muy agotada con el hijo, muchas peleas con él para que me dejara tranquila y poder cuidar de la madre. Es muy triste la vida que tiene Pepa, vamos tres veces en el día, y entre turnos ni siquiera le da agua. Sigo comprándole la comida y yendo a su médico. Pepa tiene demencia, nunca se queja, pero es muy penoso verla así, en ese abandono continuo.
Solo espero que pronto se la lleven y puedan atenderla mejor.
