Escrito por
Eloy Carlos Ortiz | Cuidador profesional
Todo comenzó una noche de invierno del año 1997. Esa noche tomando un café después de cenar con quienes más tarde fueron dos grandes amigos: Quina y Luis, ella telefonista en un pueblo del oriente de Asturias y él, trabajador de la metalurgia, surgió todo. Les hablé en aquel momento de “mis ideas”, de los cambios que pretendía acometer en la residencia, de… Mi sorpresa fue que tanto Quina como Luís me hicieron ver con claridad que, desde mi buena intención, estaba llevando a cabo un paternalismo beneficiente que anulaba en gran medida la autonomía decisoria de las personas. “Todo por la persona pero sin la persona”. Ellos me hicieron comprender que no podía llevar a cabo un plan para mejorar la vida de las personas que viven en la residencia, sin contar con ellos/as. Mis “buenas ideas” las arrojé directamente a la papelera.
Al día siguiente, tras una noche de “vuelta y vuelta” en la cama, propuse la creación de un grupo de trabajo con la misión de crear un Documento de Buenas Prácticas que fueran desarrollándose paulatinamente en el tiempo con el fin de mejorar la vida de las personas con domicilio en la Residencia Sierra del Cuera.
Para la constitución del Grupo de trabajo, se elaboró una carta informativa que firmada por Quina, Luís y yo se hizo llegar al resto de personas que en aquél momento vivían en la residencia, a sus familiares y a los/as profesionales. Se solicitó que las personas interesadas se registraran en la recepción del centro. Finalmente, el equipo de trabajo estuvo constituido por quince personas residentes, 15 familiares y 15 profesionales.
El “pistoletazo de salida” fue la redacción consensuada de un nuevo documento que lleva por título: “Reglamento de régimen interno Cooparticipado “en mi casa elijo yo””. A partir de ahí se fueron elaborando nuevos proyectos como: Plan de atención y vida, programa de preingreso, programa acércate, programa comunitario, el profesional de referencia, la asignación constante: la persona mayor siempre recibe los cuidados por el mismo auxiliar. Hemos logrado al cabo de los años evitar la rotación de los y las profesionales. En el año 2013 fuimos certificados por la Fundación Cuidados Dignos como residencia libre de sujeciones mecánicas, siendo la primera residencia en Asturias con esta distinción.
En lo que hace referencia a mi persona, todo se resume en que la residencia es mi “casa”, las personas que en ellas viven, mi familia. Los familiares mis amigos/as y los/as profesionales mi gran equipo. Hemos conseguido pasar de ser una organización vertical a una horizontal, en la que las relaciones fluyen y los desacuerdos, que los hay, se solucionan desde el diálogo, la deliberación y autocrítica. El lema es “Nadie sabe tanto como todos juntos”.
Mi apuesta es por un liderazgo transformacional, en el que la innovación cobra todo su valor. Entiendo que el líder debe estar siempre y en todo momento en clave de servicio, y creando nuevos líderes en la organización. Este liderazgo transformacional del que hablo, lo entiendo desde la cercanía, la presencia, la cocreación y la humanidad.
Y… llegó la Pandemia. Puedo decir con orgullo de equipo que ¡hicimos muy bien las cosas! Y también tuvimos suerte. No se registró ningún fallecimiento por Covid. Además de respetar los derechos de las personas. Con todas las medidas de seguridad, la familia estuvo siempre cerca.
Antes de la pandemia entendía que mi actitud de servicio era estar disponible 24h por 7 días a la semana y así año tras año, día y noche. Llegó la pandemia y mi prioridad era estar más presente que nunca. Por ello, en los años de pandemia no cogí días de descanso ni vacaciones… Mi forma de ser y de pensar me exige “estar”.
Hace unos días cumplí 68 años, y sabéis, no quiero ni pensar en el día que tenga que abandonar este “barco”. De momento, pienso que puedo y debo seguir aportando.
Para finalizar, simplemente deciros que estos treinta años han estado repletos de satisfacciones. Claro que ha habido tristezas y penas, como la vida misma, pero la balanza se desnivela y hace tope hacia el lado de los increíbles y maravillosos momentos vividos. Puedo transmitiros que jamás he aprendido tanto en mi vida. La experiencia, las diferentes maneras de ser, la sabiduría de las personas con las que me he relacionado y me relaciono me hace ver todos los días la luz en las tinieblas de la vida.
