Escrito por
Cuidadora familiar | Johanna Cordoba
Llevo un par de días sin poder empezar el escrito, me pregunto qué tan profesional debe ser y en aquellos pensamientos, solo retumba una palabra con mucha fuerza: HUMANO; debe ser humano, debe contar la “simpleza “de nuestras vidas y la COMPLEJIDAD de las mismas para mostrar un bonito reflejo de lo que somos.
¿Qué quiénes somos?
Disculpad, me presento, somos él y yo; yo y él, en nuestra vorágine diaria, en nuestro deseo de cumplir metas día a día, en medio de nuestras frustraciones, nuestro caos, nuestras tristezas y nuestras alegrías. Os contare en este pequeño escrito solo una parte de nuestra historia, solo quiero compartir un poco de nuestra vida de cuidados continuos y delicados, con el amor que le profeso a mi pequeño.
Empieza así: Un día cualquiera, me entere que llegabas a mi vida, y como toda madre se alegro con la noticia, parto normal, pruebas correctas y demás.
Empezaste tus pequeños pasos en la guardería, mientras yo intentaba con mucho esfuerzo hacerme un “huequin” en el mundo laboral a la vez que en mi cabeza rondaban mil preguntas a diario acerca de como debía cuidar a un pequeño que apenas empezaba su andadura en este mundo.
Pasaron un par de años y con toda ilusión empezamos nuestro primer año de colegio, y con solo 4 añitos tus primeros síntomas empezaron a aflorar.
Mi incredulidad y mi negación inicial me iniciaron detenerme en seco frente a un diagnóstico de TDAH … una condición de DISCAPACIDAD.
¿Un queeee?
Eran siglas familiares para mi profesionalmente, pero totalmente ajenas a lo que en mi vida esperaba, estaba asustada, aturdida, incluso enfadada con la VIDA.
¿Sera cierto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué? ¿Es un castigo??
No paraba de hacerme estas preguntas día a día y mientras te veía crecer con todas tus dificultades, pegabas a los niños del cole, te enfadabas con facilidad, chillabas y era casi imposible hacerte comprender nada.
Parecía sumida en un mundo destrozada por todo aquello idílico que esperaba de la maternidad y no FUE y mi mente me decía: Y TAMPOCO LO SERÁ.
Mi negación y casi rechazo al diagnóstico era total, seguía sin comprender nada y di casi por casualidad con la asociación de niños con TDAH, encontré ese día la luz, la esperanza, lo entendí, lo comprendí y empecé a “abrazar “el diagnostico desde la ACEPTACION, desde el AMOR, y gracias a esa profesional y a todas las madres que allí me encontré, al igual que yo, llevaban sus temores, su frustración a cuestas y encontré la fuerza en ellas para poder apoyar a mi pequeño.
Pienso que podría escribir una novela entera, un libro o quizás un bestseller de todo lo que él y yo; yo y él hemos vivido en esta aventura que nos deparo la vida y que nos embarco juntos en este “diagnostico” y en esta condición de vida que me lleva día a día a descubrirme como madre como persona, pero sobre todo como HUMANA en cada una de sus vivencias como pequeño y como maestro mío.
Sí, porque él sí que me ha enseñado la resiliencia, el amor y la paciencia con la que debemos tratarnos los HUMANOS y con la que podríamos aportar cada día un granito de arena para hacer de este un mundo mejor.
