Escrito por
Cristina Pérez | Cuidadora familiar
Este vídeo recoge mi historia como madre, médica intensivista, enfermera y cuidadora, pero sobre todo como una mujer que ha hecho del amor su forma de resistir y transformar la vida de quienes dependen de ella.
Desde una infancia marcada por el abandono emocional, aprendí que cuidar puede ser un acto de supervivencia y también de esperanza. Esa experiencia me llevó a estudiar Enfermería y después Medicina, siempre con la convicción de que sanar es una forma de dignificar la vida.
Mi camino como cuidadora dio un giro definitivo cuando conocí a Ainoa, una niña con una enfermedad rara y un pronóstico muy limitado. Contra todo pronóstico, me convertí en su madre adoptiva. Hoy, con 24 años, Ainoa sigue aquí gracias a una lucha diaria hecha de cuidados, decisiones difíciles y un amor incondicional que ha sostenido cada paso.
Más tarde llegaron mis hijos biológicos, Juan Javier y Laura. Con Javier comenzó otra batalla: intolerancias, TDAH, trastornos del aprendizaje, dislexia y finalmente un diagnóstico de Autismo. Durante años he sido su voz, su defensora y su guía en un sistema que no siempre escucha. Lo he hecho sola, sin apoyo paterno, pero con la certeza de que cada niño merece ser comprendido y protegido.
Mi vida también ha estado atravesada por el maltrato físico y psicológico, el abandono y la traición. A pesar de ello, nunca dejé de trabajar, de cuidar, de sostener. Incluso cuando descubrí que mi hija Ainoa había sido víctima de abuso por alguien cercano, inicié un proceso judicial para protegerla, aun sabiendo el dolor que implicaba.
Este vídeo es un homenaje a todas las personas que cuidan incluso cuando nadie las cuida a ellas. A quienes sostienen hogares, cuerpos y almas. A quienes aman con valentía.
Mi historia no es solo una historia de dolor: es una historia de resiliencia, dignidad y amor convertido en acción.
Gracias por acompañarme y por dar visibilidad a lo que significa cuidar con el alma.
